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Tos ferina (pertussis o tos convulsa)

¿Qué es la tos ferina? 

La tos ferina (a veces conocida como "pertusis" o "tos convulsa") es una infección del sistema respiratorio causada por bacterias Bordetella pertussis. Afecta mayoritariamente a bebés menores de 6 meses de edad que no están completamente protegidos por la vacuna correspondiente y a niños de 11 a 18 años de edad cuya inmunidad se ha empezado a desvanecer. 

La tos ferina causa fuertes ataques de tos, que a veces terminan con un sonido aspirado o sibilante emitido al inspirar. 

¿Cuáles son los signos y los síntomas de la tos ferina?

Los primeros síntomas de la tos ferina son similares a los de un resfriado común:

  • moqueo nasal
  • estornudos
  • tos leve
  • fiebre baja

Al cabo de una a dos semanas, la tos seca e irritativa se transforma en ataques de tos, que pueden durar más de un minuto. Durante un ataque de tos, el niño puede ponerse rojo o morado. Al finalizar el ataque, es posible que el niño emita el sonido de aspiración característico de la tos ferina al inspirar o que vomite. 

Muchos bebés y niños pequeños con tos ferina tienen estos ataques de tos característicos acompañados de un sonido aspirado, pero no todos los tienen. Y, a veces, los bebés no tosen ni emiten el sonido aspirado que suelen emitir los niños mayores. Los bebés con tos ferina pueden jadear, como si les faltara el aire para respirar, se pueden poner rojos y hasta pueden llegar a dejar de respirar (lo que se llama "apnea"). Durante los ataques de tos más intensos, se les puede poner la cara roja o azul durante unos pocos segundos. 

Los adultos y los adolescentes con tos ferina pueden presentar síntomas más leves o distintos, como tos duradera (en vez de ataques de tos) o tos sin el sonido aspirado final. 

¿Cómo se diagnostica esta enfermedad?

Si sospecha que su hijo podría tener tos ferina, llame a su médico. El médico le hará preguntas sobre sus antecedentes médicos y lo explorará, y es posible que también le extraiga muestras de mucosidades de la nariz o de la garganta para que se las analicen en un laboratorio. Es posible que también pida un análisis de sangre y una radiografía de pecho o tórax. 

¿Cómo se trata la tos ferina?

Los médicos tratan la tos ferina con antibióticos. Se cree que los antibióticos funcionan mejor para acortar la duración de la infección si se administran al principio de la enfermedad, antes de que se inicien los ataques de tos. Pero, incluso aunque los antibióticos se empiecen a dar más adelante, son importantes, porque permiten detener el contagio de la enfermedad. Si algún miembro de su familia tiene tos ferina, pregunte al médico si los demás miembros de su familia deberían tomar antibióticos preventivos o recibir una dosis de refuerzo de la vacuna contra la tos ferina. 

Algunos niños con tos ferina necesitan cuidados hospitalarios. Los bebés y los niños pequeños tienen más probabilidades de ser hospitalizados porque presentan un mayor riesgo de desarrollar problemas como la pulmonía. Entre otros posibles problemas derivados de la tos ferina, se incluyen los problemas para respirar, los episodios de apnea, la necesidad de recibir oxígeno (sobre todo, durante los ataques de tos), y la deshidratación

La tos ferina puede llegar a ser de riesgo vital en los bebés menores de 6 meses de edad, que casi siempre deben recibir tratamiento hospitalario. Durante la hospitalización, es posible que sea necesario aspirar las secreciones para despejar las vías respiratorias de los pacientes. A los pacientes, se les controlará atentamente la respiración y, en caso necesario, se les administrará oxígeno. Aquellos niños que presenten signos de deshidratación o que tengan problemas para comer, se les administrarán líquidos por vía intravenosa (VI). Se adoptarán las precauciones necesarias para evitar el contagio de la enfermedad a otros pacientes, miembros del personal hospitalario y visitas. 

¿Es contagiosa la tos ferina?

La tos ferina es muy contagiosa. Las bacterias se trasmiten de una persona a otra a través de diminutas gotas de fluido procedentes de la nariz o de la boca de una persona infectada. Esas gotas pueden ser aerotransportadas cuando la persona tose, estornuda o se ríe. La gente se puede infectar al inhalarlas o bien cuando las gotas entran en contacto con sus manos y luego se toca la boca o la nariz. 

El período de incubación (el tiempo que trascurre desde la infección hasta la aparición de los síntomas) de la tos ferina suele ser de 7 a 10 días, aunque se puede alargar hasta los 21 días. 

Las personas infectadas son más contagiosas durante la etapa inicial de la enfermedad hasta aproximadamente 2 semanas después del inicio de la tos. El tratamiento con antibióticos acorta el período de contagio a 5 días desde el inicio la medicación. 

¿Cuánto dura la tos ferina?

La tos ferina suele causar síntomas catarrales que duran de una a dos semanas, seguidos de hasta tres semanas de tos fuerte. 

La última etapa de la enfermedad consiste en unas pocas semanas más de recuperación, donde los síntomas van desapareciendo de forma gradual.  En algunos niños, el período de recuperación puede durar hasta varios meses. 

¿Cómo pueden ayudar los padres?

Si su hijo está recibiendo tratamiento para la tos ferina en casa, adminístrele los antibióticos exactamente como se los haya recetado su médico. Lo más probable es que la administración de un medicamento contra la tos no le ayude, ya que ni siquiera los medicamentos más fuertes mejoran los ataques de tos propios de la tos ferina. De hecho, la tos es el mecanismo del organismo para tratar de despejar las vías respiratorias. (Debido a sus posibles efectos secundarios, los medicamentos contra la tos no se recomiendan nunca en niños menores de 6 años.) 

Durante el proceso de recuperación, deje que su hijo descanse en cama, y utilice un humidificador de vapor frío para aliviarle la irritación de los pulmones y las vías respiratorias. (Siga sus instrucciones de uso para mantenerlo limpio y evitar que se forme moho en su interior). Mantenga su casa libre de sustancias irritantes que pueden provocar ataques de tos, como los espráis en aerosol; el humo del tabaco; y el humo de la cocina, las chimeneas y las estufas que usen madera como combustible.                                                                                                  

Los niños con tos ferina es posible que vomiten y/o que no coman ni beban mucho debido a la tos. Ofrezca a su hijo frecuentes raciones reducidas de comida y anímelo a beber abundantes líquidos. Esté pendiente de los signos de deshidratación, como sed, irritabilidad, inquietud, somnolencia, falta de energía, ojos hundidos, boca y lengua secas o pegajosas, piel seca, llanto sin lágrimas y reducción de las visitas al baño para orinar (o en los bebés, menor cantidad de pañales mojados).

¿Se puede prevenir la tos ferina?

La tos ferina se puede prevenir con la vacuna correspondiente, que forma parte de la vacuna DTPa (difteria, tétanos, y tos ferina acelular).

La vacuna DTPa se administra sistemáticamente en cinco dosis antes de que el niño cumpla seis años.  Para una protección adicional en el caso de que se desvanezca la inmunidad, los niños de 11 a 18 años deben recibir una dosis de refuerzo de una nueva vacuna combinada (llamada "Tdpa"), idealmente cuando tengan 11 o 12 años. 

La vacuna Tdpa es similar a la vacuna DTPa, pero con concentraciones menores del toxoide de la difteria y del tétanos. También se puede administrar a los adultos que no se hayan vacunado durante la adolescencia o la pre-adolescencia. Esta vacuna también es recomendable que se la pongan todas las mujeres embarazadas durante la segunda mitad de cada embarazo para proteger a sus bebés. 

Ponerse esta vacuna es especialmente importante para aquellas personas que estén en contacto directo con bebés. Esto se debe a que estos últimos pueden desarrollar complicaciones de la tos ferina graves y de riesgo vital. La inmunidad de un adulto a la tos ferina disminuye con el tiempo; por lo tanto, cuando usted se vacune, también estará protegiendo a sus hijos y a otros niños de esta enfermedad. 

Como ocurre con todos los calendarios y los programas de vacunación, existen excepciones importantes y circunstancias especiales. El médico de su hijo dispondrá de la información más actualizada al respecto. 

La gente que vive o que está en contacto directo con una persona con tos ferina debe tomar antibióticos para impedir el contagio, incluso aunque ya se haya vacunado antes contra esta enfermedad. Los niños pequeños que todavía no hayan recibido las cinco dosis de la vacuna pueden necesitar una dosis de refuerzo si se exponen a un familiar con tos ferina. 

¿Cuándo debería llamar al médico?

Llame al médico si sospecha que su hijo puede haber contraído la tos ferina o ha estado en contacto con alguna persona que la padece, incluso aunque ya haya se haya puesto todas las vacunas programadas contra esta enfermedad. 

Esto es especialmente importante si su hijo tiene ataques de tos prolongados y:

  • La tos hace que la piel y/o los labios se le pongan rojos, morados o azules. 
  • Van seguidos de vómitos. 
  • Van acompañados de un sonido sibilante o aspirado después de toser. 
  • Su hijo tiene problemas para respirar o parece tener breves episodios donde deja de respirar (apnea). 
  • Su hijo parece aletargado (somnoliento y apático). 
  • Le preocupa que su hijo pueda estar deshidratado. 

Si a su hijo le han diagnosticado una tos ferina y lo está tratando en casa, pida ayuda médica de inmediato si tiene problemas para respirar o si presenta signos de deshidratación.