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Hoja informativa sobre el trastorno bipolar (para las escuelas)

Qué deben saber los maestros 

El trastorno bipolar afecta a cómo funciona el cerebro, causando cambios en el estado de ánimo, en el nivel de energía y el comportamiento de la persona. También recibe el nombre de maniaco depresión, depresión maníaca, trastorno manico-depresivo, enfermedad maniaco-depresiva y trastorno afectivo bipolar.

Las personas con trastorno bipolar atraviesan episodios de baja energía o depresión y episodios de alta energía o manía.

Los episodios depresivos pueden incluir:

  • tristeza o sentimientos de inutilidad o de culpa
  • cansancio
  • perder el interés por las actividades cotidianas
  • dormir demasiado o tener problemas para dormir 
  • problemas de concentración y descenso del rendimiento académico
  • no ser capaz de experimentar placer
  • comer demasiado o pérdida del apetito
  • enfado, preocupación o ansiedad
  • ideas de muerte o de suicidio

Los episodios maníacos pueden incluir:

  • actividad física o mental incrementada
  • habla o pensamientos muy rápidos 
  • estado de ánimo muy positivo y optimismo exagerado
  • sentido desmedido de auto-importancia
  • reducción de la necesidad de dormir
  • problemas de concentración
  • comportamiento imprudente o agresivo 
  • enfado, irritabilidad excesiva o impaciencia
  • baja capacidad de juicio y toma excesivamente rápida de decisiones

Los niños y los adolescentes con trastorno bipolar pueden tener cambios repentinos en el estado de ánimo a lo largo del día. Incluso cuando su estado de ánimo se mantiene estable, los niños con trastorno bipolar suelen tener problemas de aprendizaje.

Los alumnos con trastorno bipolar pueden:

  • necesitar sentarse en las primeras filas de la clase para evitar las distracciones
  • sacar peores notas y presentar cambios en su nivel de participación en la clase
  • necesitar más tiempo para hacer los deberes y las tareas escolares y/o que les modifiquen los horarios
  • perderse clases por tener que visitar a profesionales de la salud
  • tener que visitar la enfermería de la escuela para medicarse
  • necesitar un plan para abordar los efectos secundarios de los medicamentos, incluyendo la somnolencia, la sed, tener que orinar más a menudo y el hambre. 
  • necesitar hablar con un psicólogo o un orientador escolar periódicamente
  • correr un riesgo más alto de suicidio

Qué pueden hacer los maestros 

El tratamiento del trastorno bipolar suele incluir el uso de medicamentos y la psicoterapia. Los maestros deben estar pendientes de cambios extremos en el comportamiento de estos alumnos y de cualquier signo de pensamientos suicidas. Los educadores se deben tomar estos signos muy en serio. Los padres o los tutores del alumno, su psicólogo u otro profesional de la salud que lo atienda tendrán que planificar cómo responder a este tipo de situaciones. 

Proporcione a estos alumnos esquemas y horarios de trabajo coherentes, y elogie sus conductas positivas. Anime a los alumnos con trastorno bipolar a participar en todas las actividades escolares lo mejor que puedan, cuando puedan. Los alumnos con trastorno bipolar deben disponer de un plan de intervención conductual que se aplique en su centro de estudios. 

Planifique y acuerde con ellos un "lugar seguro", un sitio a donde puedan acudir cuando se sientan superados o cuando necesiten relajarse. También pueden acordar una "persona de seguridad" (como su orientador escolar) con quien hablar. Cuando esos alumnos necesiten visitar el "lugar seguro" o hablar con la "persona de seguridad", permita que salgan de la clase sin tener que llamar la atención de sus compañeros de clase. 

Si un alumno con trastorno bipolar no cuenta con un programa de educación individualizada (IEP por su sigla en inglés) o un plan de educación 504, hable con el psicólogo, el orientador escolar o a un trabajador social para desarrollar un plan con los padres o tutores del niño. Si un alumno suyo tiene un IEP o un plan 504, siga las recomendaciones de ese plan.