Las rabietas

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(Temper Tantrums)

La segunda rabieta del día de su pequeño no da señales de que vaya a parar, y sus alaridos estridentes y ensordecedores son insoportables. Quisiera salir corriendo para no volver más, si eso fuera posible. Pero debe haber una opción mejor.

Mientras dura el caos de gritos y pataleos, las rabietas pueden ser absolutamente frustrantes. Pero en vez de vivirlas como catástrofes, puede considerarlas como oportunidades para educar a su hijo.

Por qué los niños tienen rabietas

Las rabietas pueden ir desde sollozos y lloros a gritos, patadas, golpes y momentos en que casi se ahogan por dejar de respirar. Son tan comunes en los niños como en las niñas y se producen a la edad de entre 1 y 3 años.

El carácter de los niños puede variar enormemente; de modo que algunos niños puede tener rabietas con frecuencia mientras que otros las experimentan raras veces. Forman parte del desarrollo normal y no tienen que considerarse como algo negativo. A diferencia de los adultos, los niños no actúan bajo las mismas inhibiciones o control.

Piense en cómo puede sentirse cuando decide programar su reproductor de DVD y no logra hacerlo, a pesar de todos sus esfuerzos, porque no consigue entender cómo se hace. Es realmente frustrante: ¿suda, tira el manual y sale dando un portazo? Esa es la versión adulta de una rabieta. Los niños pequeños también intentan dominar el mundo y cuando no logran realizar alguna tarea, recurren al único recurso de que disponen para dar salida a su frustración: una rabieta.

Hay diversas razones que provocan las rabietas y que los padres en todas partes conocen: el niño busca atención, está cansado, tiene hambre o tiene alguna molestia. Además las rabietas son a menudo el resultado de la frustración del niño con el mundo: no pueden conseguir algo (por ejemplo, un objeto o la atención de uno de sus padres) para hacer lo que quieren. La frustración es una parte inevitable de sus vidas a medida que aprenden cómo funcionan las personas, los objetos y sus propios cuerpos.

Las rabietas son comunes en el segundo año de vida, una época en la que los niños empiezan a aprender a hablar. Los niños pequeños generalmente entienden más de lo que pueden expresar. Imagine que no fuese capaz de expresar sus necesidades a alguien. A medida que mejoran las habilidades en el lenguaje, las rabietas tienden a desaparecer,

Otro aspecto al que se enfrentan los niños pequeños es una necesidad creciente de autonomía. Los niños pequeños desean tener la sensación de independencia y controlar su entorno en una medida superior de lo que realmente son capaces. Esto crea las condiciones perfectas para las luchas de poder cuando el niño piensa: "Quiero hacerlo solo" o "O quiero eso, dámelo". Cuando los niños descubren que no pueden hacer las cosas o no pueden tener todo lo que quieren, ya está dispuesta la escena para una rabieta.

Evitar las rabietas

La mejor manera de manejar las rabietas es evitarlas de entrada, siempre que sea posible, Éstas son algunas estrategias que pueden ayudar:

  • Observe si el comportamiento de su hijo se debe simplemente a que no está recibiendo suficiente atención. Para un niño, la atención negativa (la respuesta de un padre a una rabieta) es mejor que ninguna atención. Intente establecer la costumbre de reconocer a su hijo cuando se porte bien, es decir, recompense a su pequeño con atención por su comportamiento positivo.
  • Intente que su hijo pueda tener algún control sobre pequeñas cosas. Esto puede satisfacer su necesidad de independencia y evitar las rabietas. Ofrézcale pequeñas posibilidades de elección como "¿Quieres zumo de naranja o de manzana?" o "¿Quieres lavarte los dientes antes o después de comer?". De este modo, no le está preguntando "¿Quieres lavarte los dientes ahora?", a lo que inevitablemente respondería "no."
  • Retire de su vista y de su alcance los objetos prohibidos para que las peleas por ellos sean menos probables. Obviamente, esto no será siempre posible, sobre todo fuera de casa, donde el entorno no puede controlarse.
  • Distraiga a su hijo. Aprovéchese del limitado campo de visión de su hijo enseñándole algo que pueda sustituir al objeto codiciado o empezando una nueva actividad para sustituir a la tarea frustraste o la acción prohibida. O simplemente cambie de lugar. Lleve a su hijo fuera o dentro o a una habitación distinta.
  • Disponga las condiciones para que cuando su hijo juegue o intente dominar una nueva tarea pueda hacerlo con éxito. Ofrézcale juguetes y juegos apropiados para su edad. Además, empiece con algo simple para pasar después a tareas más difíciles.
  • Reflexione sobre la posibilidad de dar o no a su hijo lo que desea. ¿Es realmente intolerable? Quizá no lo sea. Elija cuándo enfrentarse; ceda cuando pueda.
  • Conozca los límites de su hijo. Si sabe que su hijo está cansado, no será el mejor momento para ir a comprar al supermercado o para apurar el tiempo para hacer un recado más.

Si su hijo repite algún comportamiento prohibido que implique un riesgo después de que le ha dicho que deje de hacerlo, haga que se quede un rato en un lugar apartado y sin jugar o sosténgalo con firmeza durante varios minutos. Sea coherente. Los niños deben entender que usted es inflexible en lo que respecta a temas de seguridad.

Tácticas para las rabietas

Lo más importante que debe tener en cuenta cuando tengan que enfrentarse a un niño que esté en medio de una rabieta, sea cual sea la causa, es algo simple y fundamental: mantenga la calma. No complique el problema con su propia frustración. Los niños pueden notar cuándo los padres se sienten frustrados. Esto puede empeorar aún más su propia frustración, y puede que tenga que hacer frente a una rabieta aún más exagerada. En vez de frustrarse, respire profundamente e intente pensar con claridad.

Su hijo confía en que usted sea un ejemplo a seguir. Pegarle o darle un azote no servirá; las tácticas físicas comunican el mensaje de que utilizar la fuerza y el castigo físico está bien. En vez de hacer esto, tenga suficiente autocontrol para los dos.

Primero intente entender lo que está pasando. Las rabietas deberían manejarse de diferentes maneras dependiendo de la causa que las provoque. Intente entender qué le puede haber sucedido a su hijo. Por ejemplo, si su pequeño acaba de tener una gran decepción, tal vez necesite consolarlo.

La situación es diferente cuando la rabieta se desencadena porque se le niega algo al niño. Los niños pequeños tienen habilidades de raciocinio bastante limitadas, así que probablemente no va a llegar muy lejos con las explicaciones. Ignorar la pataleta es una manera de manejarla, siempre que ésta no suponga ningún riesgo para el crío o para los demás. Continúe con sus actividades, sin prestar atención a su hijo, pero manteniéndose en un lugar en donde le vea. Pero no lo deje solo, pues podría sentirse abandonado además de todas las otras emociones incontrolables.

Cuando existe el riesgo de que los niños se hagan daño a ellos mismos o a los demás durante una rabieta, se les debería llevar a un lugar tranquilo y seguro para que se calmen. Esto también se aplica a las rabietas que ocurren en lugares públicos.

Los niños más mayores pueden utilizar las rabietas con mayor frecuencia como una forma de conseguir lo que quieren, si han aprendido que este comportamiento funciona. Al los niños de edad escolar ya se les puede enviar a su habitación para que se calmen. En vez de fijar un tiempo determinado, los padres pueden decirles que permanezcan en su habitación hasta que se hayan recuperado. Esta opción les permite sentir su poder: los niños pueden influir en el resultado de sus propias acciones, recuperando de este modo la sensación de control que pierden durante la rabieta.

Después de la tormenta

A veces puede ser difícil para los niños que se les pase rabieta. En estos casos, puede ser útil decirles: "Te ayudaré a calmarte ahora".

Pero no recompense a su hijo después de una rabieta cediendo. Esto sólo demostrará a su pequeño que las rabietas son eficaces. En vez de eso, elogie verbalmente a su hijo por recuperar el control.

Por otro lado, los niños pueden sentirse especialmente vulnerables después de una rabieta cuando saben que no han estado nada adorables. Ahora es el momento de abrazar y tranquilizar a su hijo comunicándole que le quiere, pase lo que pase.

Cuándo llamar al médico

Debe consultar a su médico si:

  • Tiene dudas sobre lo que usted hace o sobre lo que hace su hijo.
  • No se siente bien con la manera en que responde a las rabietas.
  • Suele acabar cediendo.
  • Las rabietas le despiertan muchas emociones negativas.
  • Las rabietas son cada vez más frecuentes, intensas o prolongadas.
  • Su hijo se hace daño a sí mismo o hace daño a otros con frecuencia.
  • Su hijo es destructivo.
  • Su hijo parece tener problemas afectivos, como negatividad, baja autoestima y dependencia extrema.

Su médico puede también comprobar si hay algún problema físico que pueda estar contribuyendo a las rabietas, aunque esto es poco frecuente. Este tipo de problemas incluyen problemas de audición o visión, enfermedad crónica, retrasos del lenguaje o discapacidad en el aprendizaje.

Recuerde que las rabietas no suelen ser un problema que deba preocupar y que generalmente se pasan solas. A medida que los niños maduran en su desarrollo y empiezan a comprenderse mejor a ellos mismos y al mundo, su nivel de frustración disminuye. Menos frustración y más control significa menos rabietas y padres más felices.

Revisado por: D'Arcy Lyness, PhD
Fecha de revisión: noviembre de 2008



Related Resources

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Nota: Toda la informacion incluida en este material tiene propositos educacionales solamente. Si necesita servicios para diagnostico o tratamiento, tenga a bien consultar con su medico de cabecera.

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