La tos ferina

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(Whooping Cough (Pertussis))

La tos ferina

La tos ferina (a veces conocida como "pertusis") es una infección del sistema respiratorio originada por la bacteria Bordetella pertussis (o B. pertussis). Se caracteriza por fuertes ataques de tos que a veces terminan con un sonido agudo que se emite al inspirar.

Afecta mayoritariamente a lactantes menores de 6 meses antes de que hayan podido recibir la protección adecuada a través de la vacuna correspondiente y a niños de 11 a 18 años cuya inmunidad (obtenida a través de la vacuna), ha empezado a disminuir.

Antes de que se descubriera la vacuna, en EE.UU. morían anualmente entre 5.000 y 10.000 personas a consecuencia de esta enfermedad. En la actualidad, la vacuna contra la tos ferina ha reducido la cifra de muertes anuales a menos de 30. Pero en los últimos años la cantidad de casos de tos ferina ha empezado a aumentar. En el año 2004, los casos de tos ferina superaron la cifra de los 25.000, una cantidad que no se había alcanzado desde el año 1950.

Signos y síntomas

Los primeros síntomas de la tos ferina son similares a los de un resfriado común:

  • moqueo nasal
  • estornudos
  • tos leve
  • fiebre leve

Al cabo de una a dos semanas, la tos seca e irritante se transforma en ataques de tos. Durante un ataque de tos, que puede durar más de un minuto, el niño puede ponerse rojo o morado. Y al finalizar el ataque, es posible que emita un ruido característico al inspirar o que vomite. Entre ataques sucesivos, el niño se suele encontrar bien.

A pesar de que muchos bebés y niños pequeños infectados por la bacteria B. pertussis desarrollan tanto los episodios de tos característicos como el sonido final que los acompaña, no todos los afectados los presentan. Y a veces los bebés no tosen ni emiten el sonido agudo como hacen los niños mayores. Un lactante afectado puede dar la sensación de que le falta aire para respirar, se le puede enrojecer la cara y hasta puede llegar a dejar de respirar (apnea) durante unos pocos segundos en un ataque de tos particularmente grave.

Los adultos y los adolescentes que padecen tos ferina pueden presentar síntomas más leves o atípicos, tales como tos prolongada (en vez de ataques de tos) o tos sin el sonido sibilante final.

Contagio

La tos ferina es altamente contagiosa. La bacteria pasa de una persona a otra a través de diminutas gotas de fluido procedentes de la nariz o de la boca de una persona infectada. Éstas gotas pueden ser transportadas a través del aire cuando la persona tose, estornuda o se ríe. La gente se pueden infectar al inhalarlas o si las gotas entran en contacto con sus manos y después se tocan la boca o la nariz.

Las personas infectadas resultan más contagiosas durante las primeras fases de la enfermedad, aproximadamente hasta 2 semanas después del inicio de la tos. Los antibióticos acortan el período de contagio a 5 días desde el inicio del tratamiento.

Prevención

La tos ferina se puede prevenir administrando la vacuna correspondiente, que forma parte de la vacuna DTPa (difteria, tétanos, y tos ferina acelular). La vacuna DTPa se aplica sistemáticamente en cinco dosis antes de que el niño cumpla seis años. Para permitir una protección adicional en el caso de que disminuya la inmunidad, actualmente la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomienda que los niños de 11 a 18 años reciban una dosis de refuerzo de una nueva vacuna de combinación (denominada Tdpa), a ser posible cuando tengan 11 o 12 años, en lugar de la dosis de refuerzo (Td) contra el tétanos y la difteria que antes se administraba sistemáticamente a esta edad.

La vacuna Tdpa es similar a la vacuna DTPa pero contiene concentraciones menores del toxoide de la difteria y del tétanos. También se puede administrar a los adultos que no se hayan vacunado durante la adolescencia o la pre-adolescencia. Esto es especialmente importante en aquellos adultos que conviven con lactantes, ya que estos últimos es posible que desarrollen graves complicaciones de la tos ferina que pueden poner en peligro sus vidas. La inmunidad de un adulto a la tos ferina disminuye con el tiempo, de modo que, si usted se vacuna y se protege contra esta infección, también ayudará a proteger a su hijo de pocos meses contra la tos ferina.

Como ocurre con todos los programas de vacunación, existen importantes excepciones y circunstancias especiales. El médico de su hijo dispondrá de la información más actualizada al respecto.

Los expertos consideran que hasta el 80% de los miembros de una familia no vacunada desarrollará la tos ferina si viven en la misma casa que una persona que padece esta infección. Por este motivo, cualquier persona que entre en contacto con alguien que padezca la tos ferina debería recibir antibióticos para evitar el contagio. Los niños pequeños que todavía no hayan recibido las cinco dosis de la vacuna es posible que necesiten una dosis de refuerzo en el caso de que se expongan a un familiar infectado.

Incubación

El período de incubación (el período de tiempo que trascurre desde el momento de la infección hasta la aparición de los síntomas) de la tos ferina suele ser de 7 a 10 días, pero se puede alargar hasta los 21 días.

Duración

La tos ferina suele cursar con síntomas de larga duración: una o dos semanas de los síntomas propios del resfriado común seguidas de dos a cuatro semanas (o a veces más) de tos fuerte.

La última fase de la enfermedad implica unas pocas semanas más de recuperación, donde los síntomas van desapareciendo de forma gradual. En algunos niños, el período de recuperación puede durar varios meses.

Tratamiento profesional

Si sospecha que su hijo podría tener tos ferina, llame al pediatra. Para poder emitir un diagnóstico, el pediatra evaluará los antecedentes médicos del niño, le hará una exploración física completa y tomará muestras de sus mucosidades nasofaríngeas para realizar un cultivo en busca de la bacteria B. pertussis. También es posible que el pediatra solicite un análisis de sangre y una radiografía de tórax.

Los casos de tos ferina confirmados, se tratan con antibióticos, generalmente durante 2 semanas. Muchos expertos consideran que la medicación resulta mucho más eficaz para acortar la duración de la infección si se administra durante la primera fase de la enfermedad, antes de que se inicien los ataques de tos. Pero los antibióticos son fundamentales incluso cuando se empiezan a administrar más tarde, ya que permiten detener el contagio de la infección a otras personas. Pregunte al pediatra de su hijo si los demás miembros de la familia deberían tomar antibióticos preventivos o recibir dosis de refuerzo de la vacuna de la tos ferina.

Algunos niños con tos ferina necesitan tratamiento hospitalario. Los bebés y los niños pequeños tienen más probabilidades de ser hospitalizados porque presentan mayor riesgo de desarrollar complicaciones, como la pulmonía (que afecta aproximadamente a uno de cada cinco niños de menos de un año que contraen la tos ferina). Hasta el 75% de los lactantes de menos de 6 meses que contraen la tos ferina ha de recibir tratamiento hospitalario. En los lactantes de menos de 6 meses, la tos ferina puede incluso llegar a poner en peligro sus vidas.

Otras posibles complicaciones de la tos ferina incluyen las dificultades para respirar, los episodios de apnea, la necesidad de recibir oxígeno durante los ataques de tos y la deshidratación provocada por un escaso consumo de líquidos.

Durante la hospitalización, es posible que sea necesario aspirar las secreciones respiratorias, densas y espesas, del niño. Se le controlará la respiración y, en caso necesario, se le administrará oxígeno. El niño puede necesitar fluidos intravenosos si presenta signos de deshidratación o tiene dificultades para ingerir alimentos. Además, se adoptarán las precauciones necesarias para evitar el contagio de la infección a otros pacientes, miembros del personal hospitalario y visitas.

Tratamiento en casa

Si su hijo está recibiendo tratamiento para la tos ferina en su casa, adminístrele los antibióticos exactamente a las horas que le haya indicado el pediatra. Lo más probable es que el hecho de administrarle un medicamento contra la tos no le ayude en absoluto, ya que, ni siquiera los medicamentos más fuertes, pueden aliviar los ataques de tos propios de esta enfermedad. De hecho, la tos es el mecanismo del organismo para eliminar las secreciones respiratorias. (Debido a sus posibles efectos secundarios, los medicamentos contra la tos, no se recomiendan nunca a niños menores de 6 años.)

Conforme su hijo se vaya recuperando, déjelo descansar en cama y utilice un vaporizador de vapor frío para disolverle las secreciones respiratorias y aliviarle la irritación de los pulmones y de las vías respiratorias. (Asegúrese de seguir las instrucciones de uso para mantenerlo siempre limpio y evitar la formación de moho). Asimismo, mantenga su casa libre de sustancias irritantes que pueden provocar ataques de tos, como los aerosoles, el humo de los cigarrillos, de la cocina de las chimeneas y las estufas que utilizan madera como combustible.

Los niños con tos ferina es posible que vomiten y que no coman ni beban cuanto necesitan debido a la tos. Por lo tanto, ofrezca a su hijo frecuentemente porciones de comida reducidas y anímelo a beber abundante líquido. Asimismo, esté atento a los signos de deshidratación: sed, irritabilidad, inquietud, aletargamiento, ojos hundidos, boca lengua secas y piel seca, llanto sin lágrimas y reducción de las visitas al baño para orinar (en los bebés, menor cantidad de pañales mojados).

Cuándo llamar al pediatra

Llame al pediatra si sospecha que su hijo puede haber contraído la tos ferina o si ha estado en contacto con alguna persona que la padece, incluso aunque ya haya recibido todas las vacunas programadas contra esta enfermedad.

Su hijo debería ser visto por un pediatra si tiene ataques de tos prolongados, sobre todo si estos ataques:

  • hacen que la piel y/o los labios de su hijo se pongan colorados, morados o azules
  • van seguidos de vómitos
  • van acompañados de un sonido agudo al inspirar después de toser
  • presenta dificultades para respirar o parece tener breves episodios donde deja de respirar (apneas)
  • está aletargado

Si su hijo ya ha recibido el diagnóstico de tos ferina y está recibiendo tratamiento en su casa, pida ayuda médica de inmediato si tiene dificultades para respirar o presenta signos de deshidratación.

Actualizado y revisado por: Yamini Durani, MD
Fecha de revisión: enero de 2012



Related Resources

Web SiteMedlinePlus informacion de salud Un servicio de la Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU
Web SiteCentros para el Control y la Prevencion de Enfermedades
Web SiteCuidadoDeSalud.Gov Tome el control del cuidado de su salud.
Web SiteInstituto Nacional de Salud Mental


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